Carta de un bebé en el vientre para sus futuros papás

Queridos Papá y Mamá:

Sé que mi llegada los llena de mucha ilusión; nueve meses de espera como persona, más todos los años pensados y reflexionados como proyecto, hacen de mí algo muy especial.

Lo sé. Yo también tengo muchas ganas de llegar (aunque aquí dentro no se está nada mal). He oído que ahí fuera hay muchas cosas increíbles y maravillosas: lugares, personas, libros, sabores e infinidad de aventuras que tendré que ir descubriendo poco a poco.

Supongo que están un poco nerviosos: yo también. Dentro de unos días nos veremos por primera vez en persona y comenzaremos a recorrer un camino largo, bonito y puede que a veces un poco duro (intentaré no dar más guerra de la necesaria, aunque no prometo nada…).

Es emocionante saber que, solo por el hecho de existir, se me concede el amor incondicional de dos personas, su amistad, su cariño, su paciencia y su perseverancia.

Sin embargo, hay algo que me preocupa enormemente; en la revista mensual que nos hacen llegar a todos los bebés de entre -3 y 36 meses, continuamente aparecen testimonios de niños que afirman “no poder equivocarse”, pese a todos sus esfuerzos. Y esto no es lo más grave, sino que a continuación exponen la ausencia de autoaprendizaje como principal consecuencia de esta problemática.

Cada vez son más las noticias que llegan a nuestros oídos sobre los “niños-hámster” y la enorme tristeza que les azota al verse obligados a deshacerse demasiado tarde de su bola aislante, de su burbuja; esa que con tanto miedo y cautela han construido sus padres para arroparles y evitar su contacto con la sociedad y el mundo real.

Me asusta mucho pensar en la imposibilidad de cometer errores, de equivocarme, de hacerme daño y de que los demás me lo hagan. Me asusta imaginar una vida monótona y aburrida, sin aventuras, sin nada nuevo que descubrir por mí mismo, sin preguntas (y con demasiadas respuestas que a lo mejor necesito encontrar yo solo), sin inquietud y a veces, incluso sin libertad. Comprendo que tengan miedo, que quieran hacerlo bien y que intenten protegerme de todas esas cosas tan horribles de las que siempre hablan los mayores.

Lo entiendo perfectamente. Pero como su hijo, me siento en la obligación de hacerles saber, antes de mi inminente llegada, que deseo equivocarme. ¡Sí! ¡Quiero equivocarme! Quiero equivocarme un montón de veces, y aprender algo nuevo de cada experiencia. Quiero equivocarme un montón de veces, y descubrir poco a poco de qué está hecho ese mundo tan grande al que me van a llevar.

Quiero equivocarme un montón de veces, y sentirme capaz de volver a empezar, de volver a intentarlo. Quiero equivocarme un montón de veces para crecer, para saber ayudar a los que se equivocan y poder ser libre. Quiero equivocarme un montón de veces para conocerme mejor.

Pero sobre todo, quiero equivocarme un montón de veces para saber que siguen a mi lado y para descubrir lo mucho que lo estaréis durante toda mi vida. Por eso, les pido amablemente que me concedan el privilegio de equivocarme, de caerme y de hacerme daño; de probar, de preguntar y de responder cuando llegue el momento; de soñar, de descubrir y de vivir.

No quiero que sus miedos se convierta en mis obstáculos, y mucho menos, que me nombren titular de él. ¡No me gustan las burbujas! ¡No quiero ser un niño-hámster! Quiero ser libre y disfrutar de mí y del mundo con todas sus pinceladas, con todos sus colores…

Si me los ocultan, es probable que nunca pueda llegar a pintar el mío. Y una vida sin color es fácil de teñir para el ajeno…Atentamente, con cariño. Su pequeño bebé que pronto estará en sus brazos.

El texto fue escrito por Coraline Calzaslargas (pseudónimo), una joven de 16 años que se pone en el lugar de un bebé a punto de nacer y reivindica, en una carta a sus padres, el derecho a equivocarse, a aprender y a explorar, ¡a vivir, en suma! Esperamos que hayan disfrutado el precioso relato.

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